lunes, 2 de mayo de 2011
"Bien está lo que bien acaba", y a fe mía que tiene razón, porque....¡vaya viajecito! Creo que no me cansaba tanto desde...¡Salou, por lo menos! Y es que-siguiendo con los dichos- "el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra", y yo lo retoco un poco diciendo: "el hombre es el único burro que tropieza dos veces en la misma piedra" Pero es que no tengo remedio, y el chantaje emocional de mis queridos alumnos es muy potente...¡además de volver a visitar a mi adorada Roma, of course!Lo mejor del viaje han sido los días pateando la ciudad, y si tuviera que destacar algo, me han sorprendido mucho las catacumbas, los orígenes de una religión aún misteriosa y exótica, completamente opuesta a todo lo existente entonces, rompedora de normas, clases, mentalidades...y generosa hasta el sacrificio o el martirio. Un inframundo donde desarrollar una fe peligrosa para el sistema, que acabaría por fagocitarlo y transformarlo. Y podemos decir que estuvimos en su origen, no en su inicio, exactamente, sino en su forja como religión.
También hay que decir algo sobre lo más negativo, y aparte de lo sucia y descuidada que está la ciudad (el metro, las calles, el tráfico), lo peor han sido esas noches de llamadas desde recepción porque los jóvenes andaban "corriendo el piano" -¿y qué piano?, diréis vosotros-, ¿y qué piano? replicaba yo -el piano primo, il piano secondo, el piano terzo-, contestacion del recepcionista, y aquí me tenéis, a las dos, las tres o las cuatro de la madrugada jugando al escondite con los "insomnes" que deambulaban los pasillos y habitaciones en busca de los últimos rescoldos de fiesta o de tertulia. Pero el cuerpo es sabio y tiene más aguante del que cabría esperar (adaptación al medio, supervivencia, ya sabéis), por lo que al fin y al cabo, eso se supera. Lo más desconcertante fue sin duda, la cantidad de problemas que tuvimos para ir (pido desde aquí disculpas a los papis y mamis afectados por el lío de las autorizaciones) y a la vuelta, ya en Barajas (maletas viajeras y solitarias, documentos olvidados...).
Pero, como veis, todo lo malo se olvida pronto y sólo lo bueno permanece en nuestra memoria, entra a formar parte de nuestras vidas y nos reconfortará su añoranza en momentos duros o aciagos.
Por supuesto que esta crónica no podría despedirse sin agradecer a mis compañeros PEDRO y MARISA su entrega y su entusiasmo, su firme voluntad de llevar a buen puerto esta empresa y de ayudar a todos a madurar con la experiencia. Un abrazo.

